martes, 25 de septiembre de 2007

debo decirlo



mi aleluya


“Either way, win or lose,
When you're born into trouble you live the blues”.

Massive attack & Terry Caller. Live with me.


yo no tengo un don. o un talento. esto es una enfermedad. yo no tengo talento. a mí me falta algo. es por eso que escribo. es por eso que escribo así. a mí me falta algo. yo tengo una carencia que expreso en este malhablar, en esta repercusión inútil de verbos que se acoplan y copulan. es esta música un ritmo? no. tiene este tono alguna significación? no. esta cadencia la escuché mientras vivía, la oí mientras rogaba o cuando andaba pidiendo por ahí. o cuando invertí los roles del abuso, cuando olvidé quién era, cuando no pude crear más.

esto es una enfermedad con la que vivo hace mucho. una enfermedad que adquirí en una pose, en una estructura que di vuelta, que aprendí de memoria. conozco todos los síntomas. conozco las dolencias. sé lo que puedo y lo que no puedo comer. sé por dónde comenzar, hacia dónde devenir; sé donde revolcarme para agarrar más, para intensificar el maltrato de este vacío, de esta renuncia, de este podridero, de esta fascinación. eso es: la fascinación de saberme enferma. la fascinación de poder manejar los dolores, los espectros que me nublan; que me hacen escribir lo que escribo, que me hacen repercutir como un corazón viejo, como un corazón que no tiene un solo hálito de amor o belleza, un solo hálito de compasión.

me miro al espejo. y es como si buscara en la basura. me ubico frente a un espejo en particular; o en todos. miro mi rostro. vestida. o en pelotas. y busco entre los escombros de mi cuerpo en ruinas. afuera, tañen en su palidez las campanas, se yerguen en mi memoria catedrales cuerpos, elogios retorcidos; y eso es cuando nadie queda, cuando sólo estoy yo. yo y mi loba. o yo y mi perra. a veces es también una yegua. la observo en estos dientes equinos, en esta sonrisa amarilla. y así sonrío. yo y esta bestia que crío desde hace unos años. yo y esta otra que no tiene por dónde dejar de padecer; esta otra que se retuerce en los latidos de versos viejos, tersos que le cayeron por fortuna en medio de una muerte; o quizás en el día en que se decidió que no sería la hija de nadie, que andaría golpeando puertas, obstruyendo las ocasiones, pidiendo y pidiendo como la única solución a esta derrota.

escribir es mi derrota. la peor opción a mi cuerpo infecto. es por eso que soy una perra, no; mejor una loba. una loba que se pierde entre la tundra, entre la palabra torcida de la suciedad. ladro aúllo un aleluya- un cariz- un azar, matices de otras perras, de otras sanguinolentas que se andan tirando por ahí. a mí me lo impusieron. las cagadas. las pateadas. a mí me dejaron hablando cosas. yo no quería escribir. a mí me obligaron esas yeguas, esas perras, esas lobas que andan diciendo y diciendo, hablando sin cesar. y fueron esas mismas bestias las que decidieron hospedarse en este cuerpo, en esta proyección de mí, de mí y mis canciones tercas.

yo no debería escribir. me enferma. me enferma más. pero es el único momento en que domino, en el que algo se me muestra dócil y bello para mi capricho. esto es un capricho. un capricho que anidé desde niña. desde que no sabía quién sería yo; desde que ni un animal se había cruzado en mi camino. y cuando los animales se cruzaron conmigo, cuando me mostraron las fierezas de sus campos, ahí lo supe. supe quién sería y hacia dónde iría. supe qué debería hacer para no dejar de crear más. supe tomar el barro desde mis patas. supe que no tenía que limpiar. supe que tenía que manchar. así nada más. manchar y manchar. errar. manchar. exhibir partes pegajosas. a veces dulces. a veces con un pegoteo de pura suciedad. y el barro. joder con el barro. sobre todo, para todo. comenzar desde el barro que me ensucia los patas traseras y la cola. ocupar ese mismo barro para algo terriblemente bello, para engendrar veneno.

y ahora que no queda nada, ahora que ando a solas a patadas por esta ciudad entonando mi aleluya, pienso en escribir, porque no tengo nada mejor que hacer que seguir desarmando este peladero, este espacio vacío que queda en mí. si no la loba se pone brava y exige; si no, puede que sane y ya no lo tendré más. este mal, este mal llamado talento o genio, esta picazón, este espanto que me hace escribir. este aleluya mío que convoco en mi propio país, en mi propio estado, para sobrevivir, para resistir, para aguantar.



(esta fotografía la robé del flicker de mi amor, jona. sé que él la tomó.
no recuerdo el instante, sé que era una fiesta, una de esas
en las que la loba se va al baño y nadie sabe más de mí.
me gusta mi mano, la mano muerta, la mano de escritora como dicen varios.
el punctum está en mi diente separado, maltrecho,
producto del bruxismo que nadie ni nada ha podido parar.
esto es así, la maldad es así, la belleza eufórica es así, pero pronto muy pronto
ya no sabré.)

7 comentarios:

Verónica Cento dijo...

todos debemos lidiar con los otros/as que nos viven, incluso nos dominan en ciertas situaciones. muy interesante el texto, me recordó un poco a un poema que escribí hace un tiempo.

la fotografía muy buena, paula.

sigo por estos pagos
un beso

Mario dijo...

Hermosa, la loba me recuerda a Wolf, Wolfe, Woolf,... Virginia... cuidado con el final de la historia.

Un beso a la distancia, uno grande y bello.

CRISSOLO dijo...

hola paula, te escribo aqui de tan lejos, esa foto te ves bien, iva a decir bonita pero a falta de otros sinònimos o figura estilistica, te la digo igual.

saludos

CRISSOLO dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Angela dijo...

Nada que decir amiga.. tu enfermedad alucina a quienes te leemos y esta fascinación es la que alimenta tu enfermedad.. circulo vicioso.
te queremos así tus amig@s loba o no loba, lo que tú decidas ser al final de la historia.

Elemento dijo...

Emoción.

barbol dijo...

uh!
est abueno e intenso el texto
creo q a los qu eescribimos
nos pasa , paradojicamente, palabra smas, palabras menos
lo mismo

saludos